Alma perdida

Encierros que apresan el alma, jugando con ella como fiel juguete de antaño, llevándola al desgaste continuo. La vida se encuentra asechada por el susurro del exterior que no se detienen y se encuentra atrapada sin auxilio.

Las emociones se quebrantan al ser golpeadas por la presión que comienza atar las extremidades superiores, desvaneciéndose frente al cuerpo la única salida. Las piernas temblorosas y débilmente sostenidas por el miedo, anuncian la pérdida del coraje… Lo que se creyó asegurado, ahora son cenizas que se disipan entre las manos.

Si se logró tocar el cielo, lo perdió antes de vivirlo. Ese ser confuso y cautivo, es más un que recipiente vacío; que por un tiempo fue alimentado de las sombras externas. Aún es exprimido, y el encierro se hace cada vez más estrecho, la presión es tan fuerte que las lágrimas se hayan aprisionadas. No existe nada que purifique el ser.

Todo se ha ido, sus alas fueron destrozadas por lo que creyó correcto…la certidumbre, la ilusión, no existe nada que le permita volar. El “castigo” a una pelea adjudicada ha sido suficiente, le ha mostrado lo que aún sigue de pie frente a ella, sin embargo ¿Es tarde ya?

El horizonte no tiene sentido, la existencia es tan confusa y el vacío desmesurado y al mismo tiempo diminuto. Una eterna caída, y la respuesta en un alma perdida.

Fragmento de la novela “Destinos”

(Una novela de su servidora)